

Dicen que “la pelota no se mancha”. Que el fútbol, ese terreno sagrado de pasiones y camisetas transpiradas, está por encima de los intereses y de las tentaciones humanas. Pero cuando la política mete los tapones en el césped, la frase se vuelve un desafío. Afortunadamente, la general de la regla es el juego limpio, pero de vez en cuando surge alguna jugada que deja dudas.
Sin ir más lejos, en Neuquén, la causa judicial que gira alrededor de las canchas de fútbol cinco construidas durante la gestión de Omar Gutiérrez amenaza con recordarnos que ni el deporte, ni los fondos públicos, son inmunes al fuera de juego.
En las últimas horas, la Justicia neuquina reactivó la investigación por presunto fraude en la construcción de esos reductos deportivos, financiados por la Upefe -el organismo provincial que se encargaba de ejecutar los proyectos con fondos externos.

Concretamente, el juez Raúl Aufranc le dio plazo a la fiscalía hasta febrero para decidir si formula cargos o archiva el expediente. Una jugada que puede definir si el ex gobernador termina en la línea del off side o logra salir jugando. La Justicia investiga la construcción de cinco “canchitas” durante su segundo gobierno.
El caso tiene el sello de las auditorías que realizó la nueva gestión: números que no cierran, canchas que se construyeron en lugares distintos a los adjudicados, y un Tribunal de Cuentas que ya habló de “falta de normas legales” y “irregularidades severas”. En criollo: el tablero marcaba 27 millones de pesos en presunto perjuicio durante 2021. Una cifra nada menor, tratándose de canchas que pretendían vestir de verde sintético al territorio provincial.
Hasta ahora no hay imputados, pero los nombres suenan en los pasillos. El exdirector de la Upefe, Jorge Ferrería, fue uno de los que se presentó con abogado. Y aunque (hasta dónde se sabe) Gutiérrez no figura en el expediente, el eco político lo alcanza.
El ex mandatario, último de un MPN que se creyó eterno y edificó su propia decadencia, enfrenta así lo que podría convertirse en un pelotazo en contra. Uno que rebota en su propia área: la de la obra pública y la gestión de los recursos. Si el proceso judicial avanza, no habrá bar ni VAR que alcance para anular la jugada.
En definitiva, la pelota no se mancha, pero los números tal vez sí. Y cuando el marcador político se mezcla con el económico, no hay tribuna que grite gol: sólo queda el silencio incómodo de un vestuario que empieza a preguntarse quién fue el que la tocó con la mano.




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