

La convivencia entre el hoy intendente de la localidad neuquina de Centenario, Esteban Cimolai y los Bertoldi se asemeja a las de esas relaciones que pasaron del amor al odio, pero que quedaron presas de las circunstancias y obligadas a una convivencia, que si bien no es armoniosa es -al menos- lo menos discordante posible.
Cuando Javier Bertoldi -un eterno díscolo del PJ provincial, ocasionalmente crítico de las decisiones de Oscar Parrilli, Darío Martínez y Ramón Rioseco- gobernaba la ciudad, Cimolai era su secretario de Deportes y lo ungió como candidato a sucesor.
Llegaron las elecciones, Cimolai mutó en intendente, se distanció de su mentor y comenzó a construir su propio camino. Como lo hizo Néstor Kirchner cuando se destetó de Eduardo Duhalde. Y como no se animó hacerlo Omar Gutiérrez, quien -aún gobernador- continuó bajo la órbita de Jorge Sapag.
Eso convirtió a la Intendencia de Centenario en algo así como en un pequeño universo con ciclos, que metió a la ciudad en un bucle de tiempo sin demasiados logros en lo que a la gestión se refiere. Después de Cimolai regresó Bertoldi con la leyenda: “Nosotros te pusimos, nosotros te sacamos”. Y luego de Bertoldi regresó Cimolai y ahí está, tratando de hacer equilibrio.

Lo llamativo es que el gobernador Rolando Figueroa logró que esos polos opuestos se sumaran a La Neuquinidad, tanto que la actual diputada nacional y sobrina de Javier, Tanya Bertoldi, también es funcionaria provincial por lo que no tiene más remedio que compartir actividades oficiales con Cimolai.




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