

En un escenario nacional signado por la polarización y el avance del discurso libertario, el peronismo neuquino empieza a mover sus fichas de cara a las elecciones de octubre. El frente Fuerza Patria, que nuclea a sectores kirchneristas y organizaciones sociales bajo una clara consigna anti Milei, optó por definir sus candidaturas a través de internas abiertas. Pero en medio del llamado a la participación, surgen viejos conocidos que despiertan dudas sobre la capacidad real del espacio para construir una alternativa de peso.
La figura de Darío Martínez, actual presidente del PJ Neuquén y posible cabeza de lista al Senado, vuelve a aparecer en la grilla de candidatos. Lo mismo sucede con Silvia Sapag, quien también buscaría renovar su banca. Ambos representan una línea de continuidad que, aunque con experiencia, genera cuestionamientos sobre su llegada real al electorado. En una provincia que ha demostrado estar dispuesta al cambio político, la pregunta es si estas candidaturas no serán más parte del problema que de la solución.
En paralelo, dos apellidos con peso propio, Parrilli y Rioseco, parecen haberse corrido del centro de la escena, aunque sin irse del todo. Trasciende que ambos prefieren empujar a sus “cuadros propios” antes que exponerse directamente. En ese marco, Jessica Rioseco y Lorena Parrilli, hijas de Ramón y Oscar respectivamente, asoman como representantes de una renovación controlada, con fuerte respaldo familiar pero poca trayectoria independiente. Esto abre un interrogante clave: ¿es real la renovación o solo se trata de una herencia política disimulada?

El armado también expone las tensiones internas del espacio. Mientras el sector mayoritario que encabeza Martínez buscaría controlar la boleta del Senado, las listas de diputados nacionales quedarían para las vertientes que representan Parrilli y Rioseco. Un reparto que busca equilibrio, pero que también muestra falta de conducción clara. Además, octubre no solo es una parada legislativa: para varios actores es el trampolín hacia la carrera por la gobernación en 2027.
Justamente, ese parece ser el verdadero objetivo. Ramón Rioseco ya se mueve como precandidato a gobernador, tejiendo alianzas con sectores sindicales y sociales, incluso con referentes sueltos del MPN. En ese marco, el empuje a la candidatura de su hija Jessica es una jugada doble: marcar presencia ahora para disputar con fuerza más adelante. Lo mismo ocurre con los movimientos de Parrilli, que si bien se corrió de la escena, mantiene viva su influencia.
Así, el peronismo neuquino, que alguna vez fue competitivo en términos provinciales, llega a las internas de octubre con una incómoda mezcla de rostros repetidos y apellidos heredados. En tiempos donde la ciudadanía parece reclamar más que nunca frescura y gestión, la apuesta por lo conocido puede ser una jugada riesgosa.





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