
En el MPN aún no hay indicios de resurrección
Redacción
El 16 de abril se transformó en una fecha sombría para el Movimiento Popular Neuquino (MPN). En el calendario partidario, lejos quedó el espíritu de celebración: hoy, el partido que supo construir una hegemonía electoral durante más de seis décadas atraviesa una de las crisis más profundas de su historia. Sin liderazgo visible, sin financiamiento, sin estrategia ni horizonte, el MPN se encuentra huérfano de conducción en un escenario político donde ya no dicta la agenda, ni siquiera la suya propia.
El 16 de abril de 2023 marcó un antes y un después: por primera vez en su historia, el MPN perdió una elección a gobernador. Rolando Figueroa, un miembro del partido, se impuso con una nueva fuerza política y quebró la racha de más de seis décadas de hegemonía. A dos años exactos de esa jornada, la fecha se transformó en símbolo del derrumbe político del partido que alguna vez fue sinónimo de poder en la provincia.
Desde su fundación el 4 de junio de 1961, el MPN fue sinónimo de poder en Neuquén. Gobernó de manera ininterrumpida desde 1962 —con el paréntesis de la dictadura militar— y desde la vuelta de la democracia en 1983 hasta el año 2023. Esa marca histórica fue quebrada cuando Rolando Figueroa, un exdirigente del propio MPN, derrotó al partido en las urnas bajo el sello de una nueva fuerza política. Desde entonces, el MPN no volvió a encontrar su lugar en el mapa del poder neuquino.

Un partido sin pulso
Lo que alguna vez fue una maquinaria aceitada de poder territorial, punteros, intendentes y estructuras, hoy es un partido que ni siquiera debate su futuro. No hay reuniones, no hay pronunciamientos, no hay vida orgánica. El presidente formal del MPN, el exgobernador Omar Gutiérrez, encontró refugio en YPF con un salario millonario. Jorge Sapag, figura clave del partido y presidente de la Convención, se replegó a San Martín de los Andes. El vacío de poder es tan evidente como el desconcierto de sus bases.
Los referentes que ocupan hoy cargos electivos ya han adelantado su apoyo a Figueroa, lo que deja al MPN aún más relegado y sin bancada propia en términos reales. No hay conducción interna y, lo más grave, no hay plan. Tal es el estado de situación que hasta se da por acreditado que aquel que consiga la bendición de Figueroa, podrá ganar sin sobresaltos la interna por cargos partidarios (cuando llegue el momento).
¿Cuál es el verdadero MPN?
El interrogante que atraviesa a la militancia es profundo: ¿cuál es el verdadero MPN? ¿El bloque de diputados provinciales? ¿El espacio que lidera Mariano Gaido en la capital? ¿O los jefes comunales del interior que se resisten a desaparecer? Este tablero interno impide cualquier posibilidad de reconstrucción, al menos en el corto plazo.
La etapa de Omar Gutiérrez al frente del Ejecutivo provincial ya había debilitado al partido. Su doble rol como gobernador y presidente partidario se tradujo en un distanciamiento con las bases y un deterioro de la representatividad. Bajo su mandato, además, el partido cargó con el peso de las causas judiciales vinculadas a los planes sociales y el manejo de las organizaciones sociales. Con la salida del gobierno, el MPN perdió su principal fuente de sustento: la caja provincial y la estructura estatal que históricamente lo mantuvo en pie. Ya no tiene militantes rentados.
El fin del punterismo
La política neuquina ya no se organiza como antes. El sistema de punteros, tan funcional al MPN durante años, quedó desactivado. Figueroa desarticuló esa red clientelar como parte de su estrategia de modernización del Estado. Esto dejó al partido sin músculo territorial, sin llegada al vecino común, sin la herramienta que garantizaba votos y presencia real.
Hoy el MPN ni siquiera puede financiar actividades básicas. No hay fondos, no hay sede en movimiento, no hay campañas. En términos futboleros, algunos militantes ya hablan del “descenso directo”. La analogía no es exagerada: el partido que supo ser campeón eterno, ahora mira desde abajo sin técnico, sin proyecto y con la tribuna vacía.
¿Tiene futuro?
La pregunta de fondo es si el MPN podrá levantarse de este golpe histórico. Figueroa, quien se formó políticamente en sus filas, podría tener la llave. Pero también podría ser quien termine de sellar su destino, si decide avanzar en la construcción de un nuevo espacio que contenga al electorado neuquino que alguna vez eligió al MPN, pero que ya no lo reconoce.
El 16 de abril se convirtió en un día negro, una fecha de duelo político para una fuerza que aún no define si quiere renacer o simplemente dejar de existir.




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