

El Partido Justicialista neuquino atraviesa una de sus peores crisis políticas de los últimos años. La renuncia de Darío Martínez a la presidencia provincial del PJ, sumada a su decisión de no ser candidato en octubre, encendió todas las alarmas en el espacio. En un escenario cada vez más adverso, nadie quiere asumir costos políticos ni exponerse al frente de una campaña que podría ser una debacle.
En una carta abierta, Martínez manifestó que su prioridad es colaborar en la construcción de una oposición sólida al gobierno nacional. Criticó al “gobierno libertario de Milei” por sus políticas de ajuste, pero también reconoció que su propuesta de convocar internas partidarias no tuvo respaldo dentro del PJ neuquino. Esa falta de acompañamiento interno terminó siendo el factor que lo empujó a dar un paso al costado.
La crisis no es nueva, pero se profundiza. En los últimos días, el militante y exdiputado provincial Luis “Pichi” Sagaseta expresó públicamente su preocupación por los problemas internos estructurales del partido. Reveló que incluso hubo tensiones con sectores que históricamente respaldaban a Martínez. A eso se sumó una invitación que recibió por parte del senador José Mayans, quien buscó reunirse con el exfuncionario en Buenos Aires, sin éxito. Martínez se excusó y no viajó a ese encuentro.

El alejamiento de Martínez ocurre en un contexto de aislamiento creciente para el peronismo local. En paralelo, Unidad Popular anunció que no integrará el frente electoral con el PJ, profundizando aún más la fractura. Sin candidatos definidos, sin estructura activa y con encuestas muy desfavorables, en el espacio reconocen en privado que “sería una derrota segura”. La falta de nombres dispuestos a encabezar las listas refleja un vacío político difícil de revertir.
Martínez, quien fue secretario de Energía durante el gobierno de Alberto Fernández, aseguró que seguirá como militante dentro del frente Fuerza Patria, pero su salida deja un mensaje claro: no logró consolidarse como líder del espacio, ni tampoco pudo forzar un proceso real de renovación y apertura interna. Las mismas figuras siguen dominando la escena y no hay signos de recambio. En ese marco, la dirigencia comienza a replegarse, y el peronismo neuquino queda más solo que nunca.
En su despedida, el dirigente volvió a cargar contra el presidente Milei por los recortes en jubilaciones, los despidos en el Estado y la parálisis de la obra pública nacional, pero su mirada ya no está en octubre. Todo indica que su apuesta pasa por el mediano plazo: 2027 aparece como el nuevo horizonte, y el presente se enfrenta sin conducción, sin estrategia y con un silencio elocuente de parte de quienes hasta hace poco buscaban lugares de protagonismo.
El PJ neuquino ¿entra? a la campaña con crisis, sin líderes visibles, sin alianzas consolidadas y sin un plan claro. En vez de competir, muchos de sus referentes prefieren correrse del centro y evitar quedar pegados a un resultado electoral que, puertas adentro, ya dan por perdido.




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