Visita del FMI: La deuda es nacional. La garantía es neuquina

El sobrevuelo de la titular del FMI sobre Vaca Muerta parece ser mas que un gesto institucional. Es una señal de que en Neuquén existe un activo exportador capaz de garantizar el pago de la deuda externa
Política29 de julio de 2026Emiliano SapagEmiliano Sapag
Georgieva Caputo Marin
Georgieva Caputo Marin

La visita de Kristalina Georgieva a Neuquén fue presentada como un gesto institucional. Una recorrida por Vaca Muerta, reuniones con empresarios, estudiantes universitarios y funcionarios, un sobrevuelo en helicóptero por Neuquén y fotografías protocolares. Sin embargo, detrás de esa colorida agenda hubo un mensaje político que pasó casi inadvertido.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional no vino solamente a conocer Vaca Muerta. Vino a conocer de dónde saldrán muchos de los dólares con los que Argentina pretende devolverle la mayor deuda que el organismo tiene en todo el planeta.

Argentina mantiene una deuda cercana a los 58.000 millones de dólares con el FMI. Pero el dato verdaderamente extraordinario es otro: nuestro país concentra alrededor del 35% de todos los préstamos vigentes del Fondo. Uno de cada tres dólares que el FMI tiene colocados en el mundo está en Argentina.

No existe otro deudor semejante.

Por eso la fotografía de Georgieva recorriendo Neuquén junto a Luis "Toto" Caputo tiene una carga simbólica mucho mayor de la que aparenta.

Caputo integró el equipo económico que negoció el histórico préstamo de 2018 durante el gobierno de Mauricio Macri. Siete años después volvió a sentarse frente al mismo organismo, esta vez como ministro de Economía de Javier Milei, para cerrar un nuevo acuerdo. Probablemente no exista otro funcionario en el mundo que haya participado de manera tan determinante en los dos mayores ciclos de endeudamiento de un mismo país con el Fondo Monetario Internacional.

La imagen, entonces es demasiado explícita. El organismo que prestó el dinero y el funcionario que negoció los dos acuerdos en dos gobiernos distintos, sobrevolando el lugar desde donde la Argentina espera generar los dólares para devolverlo.

Las instituciones hicieron lo correcto.

Neuquén debía recibir a Georgieva. Argentina necesita transmitir previsibilidad. Vaca Muerta requiere inversiones multimillonarias y ningún gobernador serio convertiría una visita de ese nivel en un gesto de confrontación ideológica. Por ello, también hizo bien Rolando Figueroa en participar de la recorrida.

Sin embargo, Figueroa en cada oportunidad que tiene frente a un micrófono, hace una distinción que vale la pena recordar. No es lo mismo endeudarse para pagar salarios que endeudarse para construir infraestructura. No es lo mismo utilizar el crédito para sostener el presente que para generar riqueza futura.

Es inútil intentar cambiar el pasado. No vale la pena discutir infinitamente sobre quién tomó la deuda. Tampoco por quién la refinanció. La discusión de hoy es mucho mas práctica: quién la va a pagar.

No porque los neuquinos hayan decidido endeudarse, sino porque Vaca Muerta aparece hoy junto al campo, el único activo capaz de generar los dólares que la Argentina necesita para cumplir con sus acreedores.

En ese sentido, el petróleo y el gas dejaron de ser únicamente una oportunidad de desarrollo para convertirse, también, en la garantía implícita del mayor préstamo que el FMI mantiene vigente.

Aunque el pasado no pueda cambiarse, es útil al menos recordarlo. ¿Que sucedió con los dólares del FMI?

El grueso de la deuda se originó durante el gobierno de Mauricio Macri, cuando el FMI desembolsó 44.500 millones de dólares. Javier Milei firmó un nuevo acuerdo por 20.000 millones, buena parte destinado a cancelar vencimientos del programa anterior.

Macri Lagarde FMI
Macri Lagarde FMI

Macri recurrió al Fondo en medio de una crisis cambiaria y del cierre del financiamiento internacional. Milei lo hizo con equilibrio fiscal, buscando fortalecer reservas, respaldar la normalización cambiaria y refinanciar vencimientos.

Los gobiernos sostienen que no había otra alternativa, sin embargo está la sospecha de que el país se ha endeudado solamente para sostener presidentes en el sillón de Rivadavia, y nada más.

¿Qué país tendría hoy la Argentina si como el Gobernador Figueroa predica, una parte sustancial de los casi 65.000 millones de dólares recibidos entre 2018 y 2025 hubiera terminado convertida en rutas, puertos, gasoductos, redes eléctricas, hospitales, escuelas o infraestructura ferroviaria?

Es un ejercicio contrafáctico, pero revela el verdadero costo de oportunidad del endeudamiento argentino.

Durante décadas el país tomó deuda para estabilizar crisis, sostener reservas, contener corridas cambiarias o refinanciar vencimientos. Muy pocas veces esa deuda terminó transformándose en activos capaces de generar el crecimiento necesario para devolverla.

Esa es, probablemente, la tragedia económica argentina. No solamente endeudarse, sino hacerlo sin construir desarrollo.

Una de las principales virtudes políticas de Javier Milei ha sido explicar con claridad varios de los males estructurales del país: el déficit fiscal, la emisión monetaria y el gasto improductivo como mecanismos para sostener políticamente a los gobiernos.

Sin embargo, existe otra forma de financiar el presente trasladando los costos al futuro. La deuda externa.

Y resulta llamativo que Javier Milei, que llegó prometiendo terminar con las viejas recetas económicas encuentre hoy uno de sus principales respaldos en el mismo organismo que simboliza, para buena parte de los argentinos, décadas de dependencia financiera.

Por ello hoy podemos sacar conclusiones rápidas, fáciles, pero difícilmente discutibles:

La izquierda nacional suele hipotecar el futuro mediante inflación.

La derecha nacional suele hipotecarlo mediante deuda.

Las provincias productivas generan los dólares para pagar ambas.

Y que Kristalina Georgieva no llegó a Vaca Muerta a conocer el principal yacimiento de hidrocarburos del país.

Vino a conocer la garantía de pago.

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