
La Ley de Tierras cambió el tablero político en Neuquén
Emiliano Sapag
Durante buena parte de los últimos meses, la política neuquina pareció moverse alrededor de una pregunta: cuánto podía crecer La Libertad Avanza en la provincia y hasta dónde podía acercarse el oficialismo de Rolando Figueroa al Gobierno de Javier Milei sin perder identidad propia.
La discusión por la llamada Ley de Tierras alteró ese escenario.
Porque esta vez la agenda nacional aterrizó sobre uno de los terrenos más sensibles de la cultura política neuquina: la propiedad de la tierra y el control de los recursos naturales.
En una provincia que contiene Vaca Muerta y la cuenca acuífera mas grande del País, no es una pregunta abstracta. Enormes reservas de gas y petróleo, ríos, lagos, bosques, áreas cordilleranas y extensas zonas fronterizas. En Neuquén, tierra y recursos forman parte desde hace décadas de una discusión política vinculada con autonomía, provincialismo y soberanía.
Y Milei eligió avanzar precisamente sobre ese terreno.
El proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada originalmente buscaba eliminar las restricciones para la adquisición de tierras rurales por extranjeros. Ante la falta de votos, el Gobierno modificó su propuesta y buscó elevar del 15 al 25% el límite permitido. Finalmente tampoco consiguió los apoyos necesarios y debió retirar ese capítulo para poder avanzar con el resto de la iniciativa. También quedó afuera la modificación vinculada con la Ley de Manejo del Fuego.
Nadia Márquez, atrapada en la agenda nacional
La discusión colocó especialmente a Nadia Márquez frente a una dificultad que probablemente marque un antes y un después en su carrera política, hasta aquí, en ascenso.
Su crecimiento político está indisolublemente ligado a Javier Milei. Esa identificación constituye su principal fortaleza electoral, pero también establece un límite: cuando los intereses o sensibilidades provinciales chocan con la agenda de la Casa Rosada, Márquez tiene poco margen para tomar distancia, y claro que esta vez, tampoco lo hizo.
Mientras aumentaban las críticas, la senadora neuquina defendió públicamente la iniciativa y sostuvo que la apertura a las inversiones no implicaba poner en riesgo la soberanía argentina y en numerosas entrevistas repartió críticas y chicanas por doquier. Incluso llegó a asegurar que el proyecto contaría con el apoyo del gobierno neuquino.
La consecuencia fue una sobreexposición poco habitual.

Márquez desplegó publicaciones y explicaciones destinadas a defender una iniciativa que, para entonces, ya había quedado políticamente asociada a una idea mucho muy sencilla y poderosa: permitir una mayor extranjerización de la tierra.
Y cuando una discusión política alcanza ese nivel de simplificación, resulta extremadamente difícil revertirla explicando artículos, porcentajes o mecanismos jurídicos, por que entra en el plano de la emoción.
El problema no fue solamente neuquino.
El estudio de conversación digital publicado por Parlamentario mostró con claridad el clima adverso que generó la iniciativa. No se trató de una conversación marginal: entre el 5 de julio y el 4 de agosto el debate acumuló más de 3,1 millones de interacciones y cerca de 26,4 millones de reproducciones de video. Dentro de ese enorme volumen, el 70,2% de las interacciones expresó un rechazo explícito a la reforma, apenas el 0,9% respaldó la propuesta oficial y el 28,9% restante correspondió a contenidos informativos o neutrales. El relevamiento no debe confundirse con una encuesta de opinión pública, pero la magnitud de la conversación y la enorme asimetría entre rechazo y apoyo permiten afirmar que el oficialismo perdió con claridad la disputa por el sentido de la discusión: la “extranjerización” terminó imponiéndose como el concepto dominante para interpretar la reforma.
Informe sobre la conversación digital alrededor de la Ley de Tierras
En otras palabras: Márquez salió a disputar una conversación que políticamente ya estaba jugando de visitante.
Cervi eligió bajar el perfil
Pablo Cervi quedó ubicado en un lugar diferente.
También integra el oficialismo nacional y había defendido públicamente el proyecto, al que presentó como una herramienta destinada a fortalecer la seguridad jurídica, generar previsibilidad y favorecer las inversiones.
Pero frente a la escalada que adquirió específicamente la discusión sobre extranjerización de tierras, su exposición fue considerablemente menor que la de Márquez por no decir nula.
Ambos representan al oficialismo nacional por Neuquén, pero mientras Márquez asumió el costo de convertirse en una de las defensoras públicas de la iniciativa, Cervi pareció advertir que había poco para ganar profundizando una discusión especialmente incómoda en su provincia.
A veces el silencio también constituye una decisión política.
Corroza encontró el límite
Pero probablemente el movimiento políticamente más interesante haya sido el de Julieta Corroza.
Durante sus primeros meses en el Senado, la representante de La Neuquinidad acompañó distintas iniciativas impulsadas por el Gobierno nacional. Esa conducta había comenzado a instalar una pregunta acerca de hasta dónde llegaba la autonomía del espacio de Figueroa frente a Milei.
La Ley de Tierras permitió responderla.
Rolando Figueroa anunció que Neuquén no acompañaría modificaciones que facilitaran la extranjerización y confirmó la posición contraria de Corroza. La senadora había participado además de las negociaciones entre los bloques provinciales y aliados que exigían cambios al proyecto.
Neuquén viene además de atravesar incendios forestales de enorme impacto en su zona cordillerana. La provincia desplegó durante esos episodios recursos extraordinarios y el propio gobierno provincial tuvo a buena parte de su estructura trabajando en el territorio.

En ese contexto, cualquier discusión que combine flexibilización de la extranjerización de tierras con modificaciones al régimen de protección de superficies incendiadas adquiere en la Patagonia una sensibilidad que probablemente no tenga en otras regiones del país.
Figueroa puede acompañar al Gobierno nacional en equilibrio fiscal, inversiones, reformas económicas o determinadas iniciativas legislativas. Pero necesitaba demostrar que existe una frontera que esa relación no puede atravesar.
La tierra, los bosques y los recursos naturales aparecieron como esa frontera.
Y difícilmente pudiera existir un tema mejor elegido para hacerlo.




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