
El detrás de los 1000 días de Figueroa en el Gobierno
Emiliano Sapag
El 4 de septiembre se cumplieron 1000 días de la gestión de un gobernador que define a Neuquén como una provincia adolescente, en todos los sentidos. Porque Neuquén es joven y, sin dudas, está pegando flor de estirón, pero también porque crecer trae conflictos, incertidumbres y cambios. Y si hay algo que a la industria del Oil & Gas no le gusta es la incertidumbre o el conflicto.
Por eso Figueroa en su presentación ante el funcionariado y la prensa en Casa de Gobierno, hace un balance general de su gestión e intenta ser lo más objetivo y pedagógico posible.
Lo hace sin caer en los defectos de la emocionalidad típica de los líderes políticos que acusan al pasado de todas las desdichas y transcurren una gestión entera sobreviviendo solo de la crítica a ese pasado, al que responsabilizan por el miserable presente. Hasta que, inevitablemente, son ellos los que, por inacción o falta de nuevas ideas, de una elección a la otra se convierten en el pasado que tanto criticaron, pero ahora en boca de otro dirigente, en ese eterno loop al que la democracia nacional nos ha mal acostumbrado.
En este caso parece no ser así. Hay un punto de partida cuando recibe el último gobierno del Movimiento Popular Neuquino, con cuentas objetivas que describen desorden, déficit, prioridad los intereses personales y los desmanejos propios de la vieja política. Sin embargo, elige no confrontar con el pasado ni nombrar culpables.
Con el oficio de contador público egresado de la UNCo, presenta los números con detalle y orden, año a año, desde 2023 hasta 2030, que del rojo poco a poco pasan al verde, augurando un futuro garantizado por el buen manejo de los recursos hidrocarburíferos, con cientos de kilómetros de rutas, miles metros cuadrados de edificios y una planificación que se prepara para recibir casi 30 mil nuevos neuquinos todos los años.
Todas las obras e inversiones expuestas, provienen de un mismo lugar: el bendito 13% que le corresponde a Neuquén por regalías petroleras.
Luego elige también no confrontar con el Gobierno nacional, que reparte un 10% como coparticipación a todas las provincias que cómodamente se sientan a tomar mate mientras ven cómo les ingresa un dinero del que no poseen ningún mérito ni esfuerzo. Y, peor aún, no confronta frente al 17% que Nación se lleva automáticamente, sin destino específico, y que ya sabemos, según el borrador del Presupuesto 2027, nada volverá a estas tierras.
No está claro si Figueroa no fustiga al Gobierno nacional porque nunca conviene gritarle a un Estado mayor, por estrategia electoral o porque genuinamente ciertas políticas nacionales han beneficiado la macroeconomía neuquina, como fue el sinceramiento del tipo de cambio que eliminó el dólar blue, lo que le sacaba un pedazo importantísimo a los ingresos de Neuquén; o tal vez por el RIGI, cuya aplicación en Neuquén compensaría de lleno todos los recursos que Nación se lleva sin devolución.
Lo cierto es que cuando Figueroa decide no confrontar con el presidente Milei está haciendo un equilibrio fenomenal, posicionándose como el moderador del juego, el árbitro, como la balanza que la industria necesita. Y que, si Milei trastabilla en las próximas elecciones, será Figueroa el garante de que los ingresos fluyan, que las obras se hagan y que las cuentas cierren.
Pero no todo es en favor de la industria. Se rumorea cierto malestar entre las grandes operadoras por las crecientes exigencias de Figueroa para que sean ellas las que financien las rutas petroleras que sus camiones deterioran, que aporten a las becas Gregorio Álvarez y que asuman que toda ganancia económica es permitida, siempre que sea con Neuquén y no a costa de Neuquén. Incluso Figueroa lo da a entender cuando ironiza al contar que ahora las empresas “están felices” de tener que desarrollar obras de riego para la producción agrícola.
El gobernador neuquino hace su puesta en escena, enfila a 12 ministros detrás suyo y adelanta lo que se espera será su plataforma electoral. Un modelo de neuquinidad que incluye a todos los que se quieran sumar, que no busca enemigos innecesarios y que trabaja frenéticamente para que las cosas sucedan.
En silencio quedan muchas preguntas respecto de los problemas que la sociedad neuquina hereda del contexto nacional e incluso mundial. Indicadores educativos en sus peores momentos históricos, crisis de salud mental agravadas y todos los problemas que las juventudes están sufriendo por un mundo que ha decidido avanzar a toda máquina, pero sin tener en cuenta a costa de qué o de quién lo hace.
Difícilmente esos problemas se puedan solucionar con petrodólares, rutas ni infraestructura. Porque da la sensación de que no hay suficientes escuelas ni hospitales capaces de solucionar la crisis que va por dentro del ser humano y que ningún gobierno aún, extranjero, nacional ni provincial, ha sabido comprender.
Como sea, el gobernador neuquino se muestra calmo, sabiendo que su tarea en esta gestión está hecha y que, si le toca reelegir, podrá completar su misión a largo plazo; y que, si no le toca, será por cuestiones de la modernidad electoral que ya nadie comprende y no por no haber realizado su tarea.
Estos son los desafíos de esta provincia adolescente. Neuquén está creciendo, tiene recursos, inversiones y una oportunidad histórica por delante. Figueroa parece haber entendido que gobernar ese crecimiento exige ordenar las cuentas, construir infraestructura y ofrecer previsibilidad. Pero tarde o temprano llegará el momento de discutir qué sociedad quiere construir Neuquén con toda esa riqueza. Porque crecer no es solamente hacerse más grande. También es decidir en qué queremos convertirnos.




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