
La contradicción libertaria: critican el asfalto en Neuquén y reclaman obras en el interior
Lautaro Millan
La Libertad Avanza ya empezó a moverse pensando en 2027. Referentes del espacio de distintas localidades, muestran problemas y utilizan las redes sociales para cuestionar a los gobiernos locales y provincial.
Pero en materia de obra pública parece no haber acuerdo al interior del propio espacio.
En Neuquén capital, Nadia Márquez convirtió las obras de Mariano Gaido en su principal blanco electoral. La senadora cuestionó las intervenciones sobre la avenida Mosconi y el reasfaltado de Avenida Argentina, y llegó a ironizar sobre una ciudad a la que estarían “tapando de asfalto”.
El planteo puede formar parte de una discusión legítima sobre prioridades, gasto público y utilización de los recursos municipales. Sin embargo en paralelo se observan las publicaciones del mismo espacio en el resto de la provincia que son replicadas en la misma cuenta de la senadora.
Allí, dirigentes libertarios piden mas asfalto y muestran calles deterioradas, pozos y caminos en mal estado para cuestionar a las administraciones locales y reclamar soluciones.
Parece que nadie se pone de acuerdo: ¿el problema es que el Estado hace obra vial o que no la hace?
La discusión tiene además otro condimento importante, porque Neuquén atraviesa uno de los mayores procesos de inversión vial de su historia. El gobierno de Rolando Figueroa presentó un plan que contempla unos 1.000 kilómetros de nuevas rutas y 650 kilómetros de repavimentación, entre obras ejecutadas, en ejecución y proyectadas.
El contraste con Nación tiene el récord opuesto. La inversión pública nacional cayó fuertemente desde 2024 y el Gobierno nacional redujo considerablemente su participación en la ejecución de infraestructura. En Neuquén, incluso, la Provincia acordó asumir más de 165 kilómetros de rutas que estaban bajo jurisdicción nacional.
Esto no significa que toda obra provincial o municipal sea necesariamente prioritaria ni que no existan rutas y calles en mal estado. Lo notorio es que a pocos meses de las próximas elecciones, faltan propuestas y sobra una especie de crítica bipolar, al mismo tiempo a favor y en contra de la obra pública.
Si los libertarios consideran que hay demasiada obra pública, deberán explicar qué inversiones evitarían. Si consideran que faltan rutas y pavimento, tendrán que explicar cómo las financiarían.
Porque mostrar un pozo y cuestionar una avenida asfaltada puede servir para una campaña. Gobernar exige decidir cuál de los dos se arregla y con qué recursos.




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