
Después del Mundial en Neuquén: menos rosca y más política
Emiliano Sapag
Pareciera que la sociedad argentina hubiera atravesado un fenómeno curioso durante el Mundial. No fue solamente el fútbol. Fue una especie de pausa institucional. Como si buena parte de la dirigencia hubiese entendido que cualquier decisión importante sería absorbida por la atención que generaba la Selección Argentina.
Durante semanas se instaló una frase que se repitió en despachos oficiales, legislaturas y redacciones periodísticas: "Después del Mundial habrá novedades".
Y las hubo.
A nivel nacional, la agenda que comenzó a reaparecer estuvo integrada casi exclusivamente por cuestiones de naturaleza política: la reforma electoral, la negociación parlamentaria, la reconstrucción de mayorías legislativas, las conversaciones con gobernadores y el relanzamiento comunicacional del Gobierno luego de la salida de Manuel Adorni.
No es que esos temas no sean importantes. Lo son. Pero todos pertenecen al universo de la política entendida como construcción de poder.

Mientras tanto, los anuncios oficiales continúan concentrándose casi exclusivamente en indicadores macroeconómicos favorables: inflación, exportaciones, superávit fiscal y comercial.
En cambio, otros indicadores igualmente relevantes —caída del consumo, aumento de la morosidad, dificultades del empleo y pérdida del poder adquisitivo— aparecen con mucha menor presencia en el discurso oficial.
La discusión termina siendo, otra vez, profundamente ideológica. Cada espacio político kirchnerismo o libertarismo, selecciona qué realidad mostrar y cuál esconder.
Neuquén muestra otra agenda
En Neuquén también existe política. Mucha.
Hay negociaciones, acuerdos, tensiones, construcción de mayorías y cálculo electoral. Sería ingenuo negarlo.
La diferencia aparece cuando uno observa cuál es la agenda que el gobierno decide poner delante de la sociedad.
Mientras Nación volvió del Mundial con una agenda dominada por la disputa política, Neuquén eligió poner el foco en la gestión. En apenas unos días aparecieron anuncios vinculados a cinco grandes ejes.
El primero es la educación.
La Provincia avanza con el mayor plan de infraestructura para escuelas técnicas de las últimas décadas. La EPET 25 ya fue terminada en Plottier y continúan las obras de las EPET 17, 22, 23, 24, 26, 27 y 28, además de otras intervenciones educativas en el oste de la capital neuquina después de 20 años sin construcción de escuelas en ese sector.
El segundo eje es la infraestructura.
La aprobación de créditos de la CAF por casi 388 millones de dólares permitirá ejecutar obras viales y energéticas estratégicas. A ello se suma el plan vial del Alto Neuquén, una inversión cercana a los 250 millones de dólares que el propio Gobierno definió como la mayor obra vial de la historia provincial, además del programa de inversiones para la Región de los Lagos, nuevas obras deportivas como la del natatorio olímpico y proyectos culturales.
El tercer eje es el desarrollo económico.
Desde Houston, Rolando Figueroa anunció medidas para potenciar nuevas inversiones vinculadas al desarrollo energético, reducciones impositivas y nuevas herramientas destinadas a consolidar el crecimiento de Vaca Muerta.
El cuarto eje apunta al acceso a la vivienda.
Más de tres mil familias ya se inscribieron en la nueva línea de créditos hipotecarios provinciales, una política pública que intenta responder a uno de los principales problemas sociales de la actualidad.
El quinto eje es institucional.
Neuquén volvió a ubicarse entre las provincias con mejores índices de transparencia del país y profundizó el Pacto de Gobernanza con municipios, que continúa generando convenios para obras, pavimento, equipamiento y servicios en distintas localidades.
Incluso municipios políticamente alineados con el gobierno provincial, como la ciudad de Neuquén conducida por Mariano Gaido, mantienen la misma lógica: la agenda pública gira alrededor de la Ruta 22, el puente de acceso a Ruta Norte, el Polo Tecnológico, el nuevo Parque Industrial y otras obras concretas.
La política que imaginaba Felipe Sapag
Durante su discurso del retorno democrático en 1983, Sapag reflexionó:
"No se trata de imponer nuestras ideologías, de cercenar nuestra acción, de no practicar el apasionante juego de la política, de no señalar los errores. Se trata sólo de comprender cuáles son los límites del gobierno democrático y cuáles son los límites del disenso constructivo."

Hay una idea profundamente vigente en esas palabras.
Sapag no proponía eliminar la política. Todo lo contrario. Reivindicaba el debate, la discusión y el disenso. Lo que cuestionaba era que la política terminara consumiéndose a sí misma.
Mientras buena parte de la política nacional sigue ocupando su energía en reorganizar poder, construir mayorías o eliminar al rival, en Neuquén la continuidad política parece buscar legitimarse de otra manera: mostrando escuelas, rutas, créditos, inversiones y obras.
No significa que en Neuquén no exista rosca. Existe, y mucha. Pero la diferencia parece estar en el lugar que ocupa. Mientras a nivel nacional la disputa política suele convertirse en un fin en sí mismo, en Neuquén la política parece entender que su legitimidad depende, sobre todo, de demostrarle a la sociedad que la continuidad de un proyecto de gobierno se justifica por transformaciones concretas.




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