
Tras el derrumbe político, el MPN se debate entre volver o sobrevivir
Redacción
Mientras que las seccionales del Movimiento Popular Neuquino a duras penas logran mantenerse abiertas gracias al esfuerzo de un puñado de militantes comprometidos, otros dirigentes comienzan a moverse silenciosamente de cara a las elecciones internas previstas para agosto. La imagen resume bastante bien el momento actual del partido que gobernó Neuquén durante más de seis décadas.
La discusión formal gira alrededor de la renovación de autoridades partidarias. Presidencia, Convención, seccionales, armado territorial y reorganización interna. Pero debajo de esa superficie hay una gran pregunta: ¿realmente existe voluntad de reconstruir al MPN como herramienta electoral? o si parte de la dirigencia solamente busca conservar espacios de poder y capacidad de negociación dentro del nuevo esquema político dominado por Rolando Figueroa.
El dirigente de Villa el Chocón, Nicolás Di Fonso se propuso como candidato a presidente del MPN en las próximas elecciones y manifestó que intentará armar listas en toda la provincia.
Por su parte Carlos Saloniti, el actual intendente de San Martín de Los Andes, importante distrito electoral del sur neuquino pidió al MPN que “frene la pelota antes de meterse en una interna que podría dejarlos peor que antes” asegurando que “el MPN tiene que esperar el momento oportuno para reconfigurarse”.

En la misma sintonía que Saloniti se encuentran los demás intendentes de municipios importantes como Mariano Gaido en la capital y Carlos Koopman en Zapala: Consideran que es momento de acompañar al proyecto político de Rolando Figueroa.
¿Por que no es el momento del MPN?
Por un lado vemos militantes históricos organizando ventas de comida para sostener las sedes partidarias, en una postal impensada durante los años en que partido y Estado parecían funcionar como una misma estructura. Por otro, reuniones reservadas, llamados cruzados y movimientos políticos que comenzaron a iniciarse tanto en Neuquén capital como en el norte provincial, pero que aún no logran conformar una estructura de la magnitud que se requiere para cubrir todos los cargos en toda la provincia.
Y es justamente en el norte donde algunos dirigentes empiezan a leer señales de resistencia forzada.
Un reciente conflicto en Chos Malal, dejó expuesta una compleja trama política y judicial detrás del bloqueo y las tensiones institucionales, volvió a mostrar algo que el MPN todavía no logra resolver: gran parte de sus antiguos liderazgos territoriales siguen atrapados entre la resistencia simbólica y la necesidad práctica de convivir con el nuevo poder provincial. Es que Ernesto Pereyra y Juan Carlos Olave, quienes fueron funcionarios del exintendente Hugo Gutiérrez, referente del MPN en Chos Malal, encabezaron un preocupante bloqueo municipal.
Una cosa es reorganizar un partido para volver a disputar seriamente la gobernación. Otra muy distinta es utilizar la estructura partidaria como herramienta de presión o negociación frente al oficialismo.
Y en la política neuquina ya son muchos los que sospechan que detrás de algunas candidaturas para agosto no existe una verdadera vocación de renovación, sino simplemente la necesidad de llegar fortalecidos a una mesa de acuerdos con el figueroismo.
El problema para el MPN es que la sociedad neuquina parece haber cambiado más rápido que el propio partido.
Durante décadas el Movimiento Popular Neuquino fue mucho más que una fuerza política: fue identidad, estabilidad y administración del poder. Pero tras la derrota electoral, el estigma de los numerosos hechos de corrupción en el transcurso del último gobierno del MPN que lo han dejado mal parado frente al ojo púbico y la irrupción de La Neuquinidad que le arrebató el voto provincialista, el partido todavía no logra definir si quiere volver a gobernar o simplemente sobrevivir cerca del gobierno.




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