

En estos tiempos de merecido culto al Eternauta, se realza la figura de un dirigente neuquino que si bien no ha combatido a insectos gigantes ni ha tenido que lidiarla con precipitaciones tóxicas, ha realizado denodados esfuerzos por anotarse en cuanta candidatura o cargo ejecutivo anda dando vueltas por ahí. Es el candinauta.
Actual diputado provincial y conductor poco menos que vitalicio del PJ neuquino, Darío Martínez es considerado por sus pares algo así como un anti héroe, producto de su propensión a acumular para sí las candidaturas por las que trabaja el conjunto. Su conducta sólo es equiparable con la de su histórico adversario interno, el senador Oscar Parrilli.
La metodología de Martínez ha espantado a varios de los que pateaban la calle con él, hasta que se sintieron defraudados. Tanya Bertoldi, Lorena Barabini, Ana Servidio y hasta Marcelo Zuñiga son sólo algunos de los que pegaron el portazo, convencidos de que las construcciones colectivas no son posibles ante semejante dosis de egocentrismo explícito.

Es que, a lo largo de su carrera, Martínez fue candidato a concejal, a intendente de Neuquén, a diputado nacional y a diputado provincial. Supo alzar las banderas por objetivos (siempre personales) que coronó con el éxito y otros que no. Pero siempre estuvo, ahí. Al salto. Listo para anotarse primero.
Intentó ser candidato a gobernador, pero Parrilli le cortó las piernas. Darío pataleó y rezongó. Tanto que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo convocó a su despacho del Instituto Patria para decirle, sin vueltas: el candidato es Ramón (Rioseco, actual intendente de Cutral Co). También quiso ser candidato a senador, pero Parrilli se quedó con esa candidatura para él.
¿Eso doblegó a Darío? Claro que no. Porque, así como para el Eternauta nadie se salva solo, para el candinauta quien debe salvarse no es otro que él. Esa firme convicción lo llevó a convertirse en el secretario de Energía del ex presidente Alberto Fernández; y a anotarse, ahora, como candidato a diputado o quizás para senador nacional, intención que se advierte al ver como ha arruinado los muros con sus pintadas.




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