La crisis de Plottier y el futuro de los municipios neuquinos

Calles rotas, improvisación administrativa y sospechas de corrupción son síntomas de un problema más profundo: la necesidad de dejar atrás el Estado artesanal y construir gobiernos locales modernos y transparentes
Política11 de julio de 2026Emiliano SapagEmiliano Sapag
bertolini-y-ruiz
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Su geografía invita a imaginar una ciudad próspera. El Limay la abraza por el sur, las antiguas chacras todavía conservan el verde de los sauces y su cercanía con Neuquén capital la convirtió, durante décadas, en el destino elegido por miles de familias que buscaban una mejor calidad de vida sin afrontar el altísimo costo de vivir en la capital provincial.

Sobre el papel, pocas ciudades neuquinas tenían tanto a favor. En la práctica, pocas desperdiciaron tantas oportunidades.

Mientras la población crece, la ciudad de Plottier parece quedarse inmóvil. Calles destruidas, barrios sin asfalto, pastizales que en algunos sectores superan los dos metros de altura, residuos acumulados en microbasurales que terminaron naturalizándose como parte del paisaje urbano y una infraestructura incapaz de acompañar el ritmo de expansión, fueron consolidando una sensación de abandono que ya no responde a un hecho aislado, sino a una forma cultural de gestionar la ciudad.

La renuncia del intendente Luis Bertolini volvió a colocar a Plottier en el centro de una crisis política e institucional. Sin embargo, sería un error pensar que los problemas comenzaron con él o con la gestión de su mentora, Gloria Ruiz, también protagonista de otra crisis institucional a mayor escala, como ex vicegobernadora destituida. El deterioro que hoy exhibe la ciudad es el resultado de una acumulación de decisiones, improvisaciones y oportunidades perdidas que atraviesan distintas administraciones y partidos políticos y que terminaron configurando un problema mucho más profundo que el cambio de un intendente.

En ese escenario asumió, casi sin transición, Malena Resa. La hasta entonces concejal por el partido Comunidad y primera en el orden sucesorio, por ser presidenta del Concejo Deliberante, heredó un municipio atravesado por conflictos políticos, una relación completamente deteriorada entre el Ejecutivo y el Legislativo, deudas con proveedores, procedimientos administrativos paupérrimos y una estructura estatal que, según el diagnóstico realizado durante sus primeras semanas de gestión, evidenciaba una preocupante falta de planificación.

Intendente de Plottier Malena Resa
Intendente de Plottier Malena Resa

Su primer mes al frente del municipio no estuvo orientado a anunciar obras ni grandes proyectos. Plottier no está para eso aún. La prioridad fue entender qué municipio había recibido. Por ese motivo impulsó una auditoría externa para revisar el estado financiero y administrativo de cada área, luego de detectar deudas de miles de millones de pesos, presuntas irregularidades en contrataciones, expedientes desordenados y un funcionamiento interno que, según describió públicamente, seguía revelando nuevos problemas a medida que avanzaba la revisión.

A partir de ese diagnóstico comenzó una etapa de reorganización. Se incorporaron perfiles técnicos para conducir distintas áreas, se inició una revisión del funcionamiento del personal municipal —donde la nueva gestión sostiene haber encontrado numerosos agentes sin funciones— y se planteó como objetivo reemplazar la lógica de los acomodos políticos por criterios de profesionalización. En paralelo, uno de los proyectos estratégicos consiste en avanzar en el traspaso de la Ruta Nacional 22 al municipio, una medida que permitiría intervenir sobre uno de los principales problemas urbanos de Plottier: su tránsito y conectividad.

Pero el desafío de Malena Resa excede el ordenamiento administrativo. Plottier se pregunta a si misma, si por primera vez en muchos años, es capaz de construir un proyecto de ciudad capaz de acompañar el crecimiento de su población luego de décadas donde la expansión urbana avanzó más rápido que la capacidad del Estado para planificarla.

El desafío de los municipios neuquinos: Del Estado artesanal al Estado gestor

Durante años, la fortaleza de Neuquén estuvo asociada a sus recursos naturales y a su capacidad de financiar infraestructura y servicios públicos con sus mieles. Pero incluso antes del auge de los hidrocarburos, a partir de la creación del COPADE en 1964, Neuquén logró una planificación inusual para una provincia tan periférica y sin experiencia en gestión del desarrollo. Con avances y retrocesos, con virtudes y deficiencias, Neuquén siempre estuvo a la vanguardia de la gestión, característica que no siempre ha sido trasladada a lo municipios neuquinos.

Todavía existen municipios donde el peso del dirigente vale más que el de las instituciones; donde la planificación cede frente a la improvisación; donde el empleo público responde más a los compromisos políticos que a las capacidades técnicas; donde los controles son débiles y los procedimientos dependen más de las personas que de las reglas.

Cada municipio tiene su propia historia y sus propias limitaciones. No enfrenta los mismos desafíos una ciudad de primera categoría que una pequeña comisión de fomento, como tampoco existen recetas universales para todos. Pero sí hay un desafío común: construir gobiernos locales capaces de gestionar con profesionalismo, planificar el desarrollo de sus comunidades y ofrecer respuestas cada vez más complejas a una ciudadanía que ya no se conforma únicamente con la prestación de los servicios básicos.

Corrupción Municipal, otro gran enemigo

La modernización municipal también exige fortalecer los mecanismos de transparencia, control interno y rendición de cuentas. La confianza pública constituye uno de los principales activos de un gobierno local, y cuando esta confianza se erosiona por sospechas de corrupción o por la falta de controles efectivos, también se debilita la capacidad del Estado para gobernar.

Lamentablemente Neuquén ofrece ejemplos recientes. En Plottier, la investigación judicial sobre la denominada "causa de la pileta" puso bajo la lupa obras ejecutadas durante la gestión de la entonces intendenta Gloria Ruiz. La denuncia fue presentada por el actual intendente Luis Bertolini, quien, pese a haber impulsado la investigación, terminó también involucrado en la causa por haber sido secretario de Obras Públicas durante el período en el que se ejecutaron las obras cuestionadas. Según la fiscalía encabezada por Pablo Vignaroli, existen sospechas de que fondos destinados a una obra para la asociación civil GRU.DI.ES. habrían sido utilizados para construir una pileta en un predio vinculado a la exintendenta. La Justicia continúa investigando las responsabilidades de cada uno de los involucrados.

Un escenario diferente, aunque igualmente ilustrativo, se produjo recientemente en Andacollo. Al inaugurar el período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante, el intendente Manuel San Martín denunció públicamente un presunto fraude millonario detectado dentro del municipio, relacionado con la compra de materiales y utilización de canteras y equipos públicos y aseguró que la propia gestión impulsó las denuncias para que la Justicia investigue las responsabilidades correspondientes. El caso volvió a poner de manifiesto la necesidad de contar con sistemas de control capaces de detectar irregularidades antes de que produzcan un perjuicio para el patrimonio público.

Plottier no es solamente la historia de una ciudad en crisis. Es, probablemente, el espejo donde muchos municipios neuquinos deberían animarse a mirarse. Porque detrás de las calles rotas, de las auditorías, de las denuncias de corrupción o de las disputas políticas aparece siempre la misma pregunta: ¿seguiremos administrando municipios como hace treinta años o nos animaremos, de una vez por todas, a construir gobiernos locales preparados para los desafíos del siglo XXI? Esa respuesta no definirá únicamente el futuro de Plottier. También puede definir el futuro de Neuquén.

 

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