La condena de Pablo Ruiz y la revisión de una crisis política

La confesión y condena del excoordinador de Casa de las Leyes obliga a revisar los argumentos, responsabilidades y consecuencias políticas de un escándalo que terminó con la destitución de una vicegobernadora y el derrumbe de un proyecto político.
Política06 de junio de 2026Lautaro MillanLautaro Millan

Gloria Ruiz y Nadia Marquez
Gloria Ruiz y Nadia Marquez

La condena a Pablo Ruiz volvió a poner en primer plano uno de los escándalos políticos más resonantes de los últimos años en Neuquén. El excoordinador de Casa de las Leyes no solo fue condenado por la Justicia: también admitió haber utilizado más de 52 millones de pesos de fondos públicos para constituir plazos fijos en sus cuentas personales. Su reconocimiento de los hechos permitió avanzar hacia una condena que hoy adquiere una dimensión política que excede largamente su situación personal.

Porque Pablo Ruiz no era un funcionario cualquiera. Es el hermano de Gloria Ruiz, la exvicegobernadora destituida por la Legislatura en un proceso atravesado por denuncias de administración fraudulenta, manejo discrecional de fondos públicos, contrataciones irregulares y utilización cuestionada de recursos estatales tanto en la legislatura como en el municipio de Plottier.

Es por ello que la relevancia política de la confesión de Pablo Ruiz va más allá de su responsabilidad individual. Las maniobras que reconoció haber realizado no ocurrieron en un vacío institucional. Fueron ejecutadas desde Casa de las Leyes, un organismo que dependía de la estructura administrativa conducida políticamente por Gloria Ruiz como vicegobernadora y presidenta de la Legislatura. De hecho, ese fue uno de los argumentos centrales del proceso que terminó con su destitución: la existencia de irregularidades que, según concluyó la mayoría legislativa, no podían analizarse únicamente como decisiones aisladas de un funcionario subordinado, sino como parte de una cadena de responsabilidades políticas dentro de la conducción legislativa.

Durante meses, una parte importante de la discusión pública giró alrededor de si las acusaciones contra Gloria Ruiz respondían a una persecución política o a hechos concretos de corrupción. La confesión de Pablo Ruiz modifica sustancialmente ese escenario. Ya no se trata solamente de denuncias formuladas por adversarios políticos o de sospechas ventiladas en los medios. El propio protagonista admitió haber realizado la maniobra que terminó derivando en su condena.

Desde el primer día, Gloria Ruiz sostuvo que su destitución respondía a una persecución política. Según su versión, se buscó apartarla de la escena pública porque intentaba construir un proyecto político propio, diferenciado del gobernador Rolando Figueroa. Aquella construcción no se desarrollaba en soledad. Durante meses mantuvo una visible cercanía política con la diputada nacional Nadia Márquez y sectores de La Libertad Avanza.

Esa relación quedó envuelta en polémica cuando trascendieron reuniones y actividades políticas libertarias realizadas en Casa de las Leyes, por entonces administrada por Pablo Ruiz, sumando otro frente de cuestionamientos a una gestión que ya se encontraba bajo observación pública.

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Pablo Ruiz, hermano Gloria Ruiz

Tras su destitución, Gloria Ruiz prometió venganza donde a los políticos más les duele:  en las urnas. La estrategia apuntaba a demostrar que conservaba respaldo popular y que su salida del poder no representaba el rechazo de la ciudadanía. La amenaza política era clara: competir electoralmente y dividir votos del figueroismo para demostrar que seguía teniendo capacidad de daño sobre quienes habían impulsado su caída.

Como los cargos nacionales no estaban alcanzados por las restricciones de la legislación neuquina de Ficha Limpia, se presentó como candidata a diputada nacional en las elecciones de 2025. El resultado estuvo muy lejos de esa expectativa. Su espacio obtuvo apenas el 2% de los votos y quedó relegado a una posición marginal dentro del mapa político provincial. Lejos de convertirse en una referencia opositora capaz de disputar poder, la experiencia electoral mostró una escasa capacidad de convocatoria.

Mientras tanto, la realidad política de la exvicegobernadora cambió drásticamente. Hoy se desempeña como empleada municipal en una biblioteca de Plottier. Su nombre volvió a aparecer en los medios por la polémica en torno a un incremento salarial impulsado durante la gestión del también destituido exintendente Luis Bertolini, quien había sido ministro de Hacienda en su administración municipal. También protagonizó una disputa judicial para reclamar el pago de haberes como vicegobernadora pese a haber sido removida de su cargo, planteo que obtuvo un resultado negativo.

La política suele ofrecer ejemplos de ascensos meteóricos. Menos frecuentes son los casos en los que la caída se produce con la misma velocidad que el ascenso. Gloria Ruiz pasó en pocos años de conducir el municipio de Plottier a ocupar la vicegobernación de la provincia, convertirse en compañera de fórmula del gobernador y proyectarse como una figura con aspiraciones propias. Hoy, con su hermano condenado por hechos que él mismo reconoció, con un espacio político que apenas alcanzó el 2% de los votos y alejada de los principales centros de decisión, aquella construcción política parece haber quedado reducida a una expresión marginal.

 

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