
La pelea por administrar el Neuquén de los 60 mil millones de dólares
Emiliano Sapag
Hay campañas que empiezan con afiches, spots publicitarios y actos de lanzamiento de candidaturas. Otras arrancan mucho antes, disfrazadas de gestión, inauguraciones y movimientos silenciosos de dirigentes. Neuquén parece haber ingresado definitivamente en esa primera etapa.
El gobernador Rolando Figueroa consolidó la “Neuquinidad” como un espacio amplio que absorbió dirigentes históricos del MPN, intendentes, sectores del PRO peronistas, referentes territoriales e incluso figuras independientes que entendieron rápidamente hacia dónde se desplazó el poder después de 2023.
En el mismo sentido, pero más volcado al espectro ideológica de la centro izquierda funciona “Primero Neuquén” del intendente Mariano Gaido, hoy aliado a Figueroa, con la incorporación de dirigentes y exintendentes. El ex intendente de la siempre convulsionada ciudad de Plottier, Carlos Peressini ya integra la estructura política del municipio capitalino, mientras que el ex intendente de Villa el Chocón, Nicolás Di Fonzo parece haber dejado en pausa su intención de disputar el control del MPN para acercarse al esquema político de Gaido.
Es necesario observar cómo oficialismo ya empezó a ordenar el escenario electoral, mientras el resto todavía busca su lugar. En ese lugar se encuentra actualmente el MPN, que atraviesa la que quizás sea la discusión más compleja de su historia reciente, en la que se definirá si será un partido aliado al nuevo oficialismo provincial, un socio táctico de Gaido, o una oposición revanchista al esquema que terminó desplazándolo del poder tras más de seis décadas, o lo que probablemente sucederá: un poco de cada cosa.
El próximo 4 de junio, además de un nuevo aniversario partidario, marcará simbólicamente el final de la conducción de Omar Gutiérrez, presidente del MPN durante 12 años y gobernador de Neuquén durante ocho años. Tras la derrota electoral de 2023, el histórico dirigente prácticamente desapareció de la escena partidaria, dejando al movimiento sin una conducción visible ni una estrategia clara de reconstrucción.
En el peronismo, el radicalismo, el sindicalismo y especialmente entre los libertarios ocurre algo distinto: hay expectativas reales de poder, nombres en danza, especulaciones y posibles candidatos, pero todavía no existen definiciones concretas ni liderazgos consolidados para las elecciones a Gobernador, intendentes y legisladores.
De hecho, si hoy se mirara el tablero hacia 2027, el único candidato verdaderamente confirmado parece ser Rolando Figueroa.

En el resto de los espacios todavía se discute quién conducirá, quién representará a cada sector y cuál será la estrategia electoral. El oficialismo, en cambio, ya tiene candidato, gestión para mostrar y una red de aliados bastante definida.
¿Se viene el segundo "boom" de Vaca Muerta?
Toda la antesala y los movimientos de la política electoral ocurren, mientras un nuevo hito en la economía provincial está por dar inicio: Neuquén está entrando probablemente en la mayor expansión económica de su historia.
Las proyecciones vinculadas al desarrollo de Vaca Muerta y al esquema del llamado “super RIGI”, hablan de inversiones cercanas a los 60 mil millones de dólares en apenas tres años. Para dimensionarlo: sería equivalente a todo lo invertido en Vaca Muerta desde sus inicios, concentrado ahora en un período muchísimo más corto.
Eso explica buena parte de la intensidad con la que empezó a moverse la política neuquina.
La discusión ya no pasa solamente por cargos o elecciones. Lo que está en juego es quién administrará una provincia que podría experimentar una transformación económica sin precedentes.
En ese escenario, Figueroa construyó un delicado equilibrio político con Javier Milei.
Por un lado, el gobernador neuquino sostiene una visión muy distinta al anarco-capitalismo libertario en relación al rol del Estado. La defensa de la obra pública, las rutas, hospitales, escuelas y obras de agua, gas y electricidad, forman parte central de su discurso político. En definitiva, semejante expansión en infraestructura no podría concretarse sólo con la “mano invisible del mercado” y sin la presencia de un Estado que planifique.
En sus últimas apariciones públicas, Figueroa reforzó la idea de que Neuquén arrastraba obras estructurales postergadas durante la gestión anterior, mientras buena parte de la política territorial del viejo MPN se concentraba en la instalación de canchas de fútbol sintético a lo largo de la provincia, situación que hoy se está subsanando con una mejor administración y orden de prioridades.
Sin embargo, a pesar de las diferencias ideológicas, existe una fuerte sintonía entre Figueroa con el gobierno de Milei en cuanto a garantizar la estabilidad política y el clima de inversiones para acelerar el desembarco de capitales privados en Vaca Muerta.
Ese equilibrio explica gran parte de la dinámica actual entre Neuquén y la Casa Rosada. Figueroa necesita inversión privada para sostener el crecimiento económico provincial, mientras que Milei necesita que Vaca Muerta funcione como uno de los principales generadores de dólares para la Argentina.
Así las cosas, Neuquén parece vivir hoy en dos tiempos simultáneos.
Uno es el tiempo electoral, el de las recorridas, las alianzas y los armados políticos.
El otro es mucho más grande: el de una provincia que siente que está entrando en una nueva era económica y donde todos entienden que la disputa por el poder ya empezó.




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