
La base china de Neuquén, ¿Un pretexto?: la verdadera misión de Santiago Caputo en Washington
Lautaro Millan
La visita de Santiago Caputo a Estados Unidos dejó como titular en la prensa nacional, la preocupación norteamericana por el avance chino en América Latina y, particularmente, por la estación espacial china instalada en Bajada del Agrio. En la superficie el reclamo fue que luego del apoyo político y financiero brindado por Donald Trump a Javier Milei, es imperante cerrar la llamada “base china” de Neuquén como devolución de favores. La noticia generó ruido político inmediato y volvió a poner a la provincia en el centro del tablero geopolítico mundial.
Pero detrás del argumento diplomático aparece un interrogante que al que al menos hay que prestarle un poco de atención ¿por qué fue Caputo a Washington?
La relación bilateral entre Argentina y Estados Unidos no suele canalizarse a través de un asesor presidencial. Para eso existen el embajador, la Cancillería o, en casos sensibles, el propio presidente. Que Washington reciba a Caputo para hablar de estrategia regional revela que el viaje probablemente excedía la cuestión china. La base pudo haber sido el tema visible; el verdadero motivo quizá era otro.
Distintos medios de comunicación, publicaron que la administración norteamericana expresó preocupación por la estación china instalada en Neuquén, en línea con viejos cuestionamientos vinculados a un eventual uso militar o de inteligencia.
Sin embargo distintos especialistas sostienen que la estación depende formalmente de la agencia espacial china y que Argentina conserva mecanismos de supervisión. También señala que hasta hoy nunca se presentó evidencia concreta que pruebe actividades militares clandestinas en el predio neuquino.
Nadie peca de ingenuo: Estados Unidos y China disputan influencia global y América Latina se volvió un territorio sensible en esa competencia. Neuquén, por Vaca Muerta, por sus recursos energéticos y por la presencia de infraestructura estratégica, quedó inevitablemente atrapada en esa tensión.
Pero el viaje de Caputo parece decir más sobre la interna libertaria que sobre astronomía o geopolítica.
Santiago Caputo no es un funcionario cualquiera. Fue el arquitecto político y comunicacional que ayudó a llevar a Javier Milei a la Casa Rosada. Washington lo sabe. También sabe que dentro del oficialismo crecen las diferencias entre Caputo y el núcleo duro que integran Karina Milei y Manuel Adorni al mismo tiempo que la imagen presidencial se derrumba de manera preocupante ante el estancamiento económico y los escándalos de corrupcion, dejando la posibilidad de que el Kirchnerismo, claramente anti norteamericano, vuelva a gobernar Argentina.

En ese contexto, empiezan a circular versiones sobre un posible interés estadounidense en preservar un liderazgo libertario confiable y alineado con Occidente, incluso pensando en escenarios futuros. Quizás pensando en un reemplazo para Milei en el 2027, o tal vez con eventuales reacomodamientos de poder dentro del oficialismo. Y ahí Caputo aparece como una figura con peso propio, capacidad electoral y vínculos internacionales.
La “base china” entonces funciona casi como una excusa perfecta: un tema suficientemente sensible para justificar reuniones de alto nivel y suficientemente simbólico para enviar mensajes geopolíticos.
Mientras tanto, Neuquén vuelve a ocupar un lugar inesperadamente central. Lo hizo con el gas, con el petróleo, con Vaca Muerta y ahora con la disputa entre las dos mayores potencias del planeta. La provincia parece tener una extraña capacidad para convertirse en protagonista incluso cuando no lo busca.




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