
Comarsa más allá del juicio: la gigantesca reparación ambiental que ya movilizó casi 8.000 camiones
Lautaro Millan
Durante los últimos meses, el nombre Comarsa volvió a aparecer en la agenda pública neuquina. El avance de la causa judicial por contaminación ambiental, las responsabilidades de los empresarios y las distintas instancias procesales concentraron suscitan como es habitual, la atención periodística.
Pero mientras la discusión transcurría en los tribunales, en el Parque Industrial de Neuquén sucede algo que no está a la vista y que es de enormes dimensiones: miles de camiones comenzaron a retirar uno de los pasivos ambientales más importantes vinculados a la actividad hidrocarburífera en la provincia.
Desde diciembre de 2024 está en marcha el plan aprobado para el retiro y traslado a disposición final de 210.000 metros cúbicos de suelos contaminados que permanecían en la ex planta de tratamiento de residuos de Comarsa, ubicada en el Parque Industrial de Neuquén .
El programa fijado por la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, estableció originalmente un plazo de 24 meses para completar la tarea, junto con cupos parciales de retiro que permiten al Estado provincial controlar su cumplimiento.
Para junio de este año ya habían sido retirados 110.000 metros cúbicos, algo mas de la mitad del volumen contemplado inicialmente.
El número permite poner en perspectiva una tarea que expresada únicamente en metros cúbicos resulta difícil de dimensionar.
Son casi 8.000 camionadas de material contaminado que debieron ser cargadas, transportadas a lo largo del corredor petrolero y depositadas en un establecimiento habilitado para su disposición final en Añelo. Una operación logística gigantesca realizada como consecuencia de las obligaciones impuestas y fiscalizadas por el Estado provincial.
El juicio y la reparación
Nada de esto elimina ni relativiza las responsabilidades que investiga la Justicia.
Son dos dimensiones diferentes del mismo problema. Por un lado está la determinación de las responsabilidades penales por la contaminación producida durante los años de funcionamiento de Comarsa. Por otro, una cuestión mucho más concreta: qué hacer con las enormes cantidades de residuos y suelos contaminados que quedaron acumulados en Neuquén.
La primera discusión tuvo, comprensiblemente, mucha mayor exposición pública. La segunda ocurre todos los días, camión tras camión, y representa probablemente el aspecto más tangible de todo el proceso.
La causa penal deberá determinar responsabilidades sobre lo sucedido. La reparación ambiental, en cambio, enfrenta una consecuencia que no puede esperar el desenlace de los tribunales: el pasivo existe y debe ser retirado.
Por eso la magnitud de la operación también permite observar el caso desde otro lugar. El plan de remediación ambiental que impulsó el gobierno de Rolando Figueroa no solamente avanzó sobre la empresa con controles y exigencias, sino que la obligó a afrontar un movimiento de residuos de dimensiones extraordinarias para comenzar a reparar el daño acumulado.
La Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales realiza fiscalizaciones periódicas sobre los trabajos, las condiciones del traslado y el cumplimiento de las obligaciones establecidas dentro del plan.

Un problema que empieza a achicarse
La historia de Comarsa es también una muestra de una de las contradicciones que acompañaron el crecimiento acelerado de Vaca Muerta: junto con el desarrollo de una actividad capaz de transformar la economía neuquina aparecieron pasivos ambientales que atentan con la idea de sustentabilidad del mega proceso productivo.
Todavía queda camino por recorrer y la remediación no convierte en inexistente el daño producido. Tampoco clausura las responsabilidades administrativas o penales que puedan corresponder.








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