El pastor busca entrar por la puerta de atrás, pero en Neuquén ya miran la cerradura

 El desembarco de Dante Gebel se apoya en dirigentes sin peso territorial y en un armado que promete más de lo que puede sostener.
04 de mayo de 2026RedacciónRedacción

El desembarco de Dante Gebel en Neuquén parece tener más de puesta en escena que de construcción política real. El comunicador que quiere dejar de ser pastor para ser candidato intenta hacer pie en la provincia con un armado que, por ahora, luce más como un casting de voluntades sueltas que como una estructura electoral seria. La idea es ambiciosa: pensar en 2027, recorrer la Patagonia y presentarse como novedad. El problema es que en Neuquén la novedad viene acompañada de nombres bastante conocidos por su falta de volumen propio.

Uno de esos nombres es Juan Monteiro, ex funcionario municipal durante la gestión de Horacio “Pechi” Quiroga y candidato a intendente en 2019. Monteiro aparece ahora como parte del grupo que buscaría instalar a Gebel en la provincia, aunque su propia trayectoria muestra más intentos que resultados. En política, no alcanza con levantar la mano cuando aparece una oportunidad: hay que tener territorio, equipo, credibilidad y capacidad de sostener acuerdos. Y ahí es donde el armado empieza a mostrar sus costuras.

Un espacio que pretende mostrarse como “nuevo” termina apoyándose en dirigentes que ya circularon por distintas veredas y que hoy parecen más cerca de la vieja política que de una renovación auténtica. En el caso de Monteiro, su recorrido lo ubica en una zona difícil de explicar: dice representar una alternativa, pero aparece vinculado a lógicas, nombres y prácticas que Neuquén conoce desde hace años. La supuesta renovación entra así por la puerta de atrás, con caras que no logran despegarse del pasado.

El problema central no es sólo ideológico, sino político. Monteiro no ha logrado construir lazos firmes ni una estructura propia capaz de sostener un proyecto competitivo. Su figura aparece más asociada a movimientos personales, cambios de ubicación y apuestas de ocasión que a una construcción paciente y consistente. En una provincia donde los armados electorales se miden por presencia territorial, capacidad de negociación y conducción, el entusiasmo mediático no reemplaza a la política real.

Por eso, el experimento Gebel en Neuquén corre el riesgo de nacer viejo antes de empezar. Puede tener nombre nacional, discurso motivacional y una estética de liderazgo importada, pero si el anclaje local depende de dirigentes sin peso específico, el proyecto queda expuesto. No alcanza con hablar de futuro si quienes lo empujan no pudieron ordenar su propio presente político. Mucho menos si el intento se apoya en figuras que no transmiten estabilidad, coherencia ni capacidad de conducción.

El pastor que quiere convertirse en candidato parece haber elegido una entrada lateral para probar suerte en Neuquén. Pero la política provincial no suele perdonar los armados improvisados ni los referentes sin espalda. Gebel podrá convocar auditorios, dar conferencias y emocionar multitudes, pero una elección no se gana con frases motivacionales. Y si su desembarco depende de Juan Monteiro y de una mesa sin credibilidad sólida, más que una renovación, lo que asoma es otro ensayo fallido de la vieja política disfrazada de novedad.

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