Neuquén empieza a dejar atrás la política de los sellos

El encuentro del Frente Grande mostró que el nuevo esquema de poder provincial se construye más por coincidencias de rumbo que por pertenencias partidarias.
26 de abril de 2026RedacciónRedacción

La frase de Rolando Figueroa —“No me importa de qué partido es alguien, me importa que coincidamos en cómo construir el futuro”— funciona como una síntesis del momento político que atraviesa Neuquén. No fue una expresión aislada: apareció en un encuentro del Frente Grande, ante más de 600 militantes y referentes, y en un contexto donde el oficialismo provincial busca consolidar una identidad que exceda las estructuras partidarias tradicionales.

El mensaje tiene una lectura directa: Figueroa intenta ordenar su construcción política alrededor de un criterio de gestión antes que de pertenencia partidaria. En un escenario donde conviven dirigentes de distintos orígenes, el gobernador vuelve a marcar que la prioridad no pasa por el sello, sino por la capacidad de coincidir en una agenda común. Esa agenda, según el propio discurso del espacio, se apoya en salud, educación, infraestructura, viviendas, rutas, seguridad y presencia del Estado.

La presencia del Frente Grande en ese armado también es un dato político relevante. El partido, conducido por Soledad Martínez, viene de una tradición distinta a la del núcleo original de Figueroa, pero encontró en el actual gobierno provincial un lugar desde donde reivindicar sus banderas históricas. Por eso, el encuentro no sólo sirvió para mostrar volumen militante, sino también para exhibir que el oficialismo puede reunir sectores diversos bajo una misma narrativa de transformación provincial.

La frase de Figueroa también marca una diferencia con la lógica política que dominó durante años en Neuquén. Al decir que no le importa de qué partido viene cada dirigente, el gobernador intenta instalar una idea de transversalidad: sumar peronistas, vecinalistas, sectores progresistas, independientes y espacios provinciales bajo una conducción común. Ese esquema le permite ampliar la base de sustentación y, al mismo tiempo, evitar que las discusiones internas queden encerradas en la disputa de sellos.

Sin embargo, esa construcción también tiene un desafío: transformar la amplitud política en coherencia de gobierno. Cuanto más diverso es un frente, más necesario se vuelve ordenar prioridades, sostener acuerdos y evitar que las diferencias ideológicas aparezcan como contradicciones en la gestión. En ese sentido, la frase de Figueroa no sólo convoca; también disciplina. Les dice a los aliados que el punto de unión no es el pasado partidario, sino el compromiso con un rumbo común.

El encuentro del Frente Grande dejó otra señal: el oficialismo empieza a hablar no sólo de gestión, sino también de continuidad política. Cuando los referentes convocan a profundizar el proceso y a sostener un modelo de Estado presente, el mensaje mira más allá de la coyuntura. La frase de Figueroa, entonces, no sólo explica cómo se armó el frente que llegó al gobierno; también anticipa cómo buscará sostenerse hacia adelante: con una coalición amplia, pragmática y ordenada por una idea de futuro para Neuquén.

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