
La discusión de fondo en Neuquén ya no pasa por elegir entre pasado y presente, sino por decidir quién está dispuesto a construir el futuro. La provincia tiene por delante una oportunidad concreta: acelerar la transformación de las producciones de Vaca Muerta en más desarrollo, empleo, infraestructura y diversificación. El proyecto para exportar gas natural licuado (GNL) a gran escala, que ya está en marcha y comenzará a fortalecer la economía neuquina desde 2027, es probablemente la expresión más clara de ese horizonte.
Ese camino requiere producir más, agregar valor, conquistar mercados y convertir los recursos del subsuelo en oportunidades para los neuquinos. La estrategia provincial no se agotó en las regalías. Nada de eso, procuró aportes para infraestructura, rutas, becas y compromisos concretos de las empresas. En el acuerdo con YPF, por ejemplo, se exigieron dos bonos de infraestructura por USD 333 millones. Es una lógica que mira hacia adelante y que pretende que Vaca Muerta financie también el Neuquén que viene.
Por eso, la discusión sobre el GNL expone algo más profundo que una diferencia partidaria. Cuando la diputada provincial neuquina Lorena Parrilli (hija de Oscar Parrilli) plantea que “el acuerdo con YPF por el GNL es destruir el sueño de Cristina” es aferrarse al pasado. Oponerse a una herramienta que puede convertir a Neuquén en un jugador relevante del mercado energético mundial es, como mínimo, anclarse en una época que la realidad económica de la provincia ya ha superado.
La grieta también pertenece al pasado. La sociedad neuquina parece valorar cada vez más las respuestas concretas que una mirada hacia adelante puede ofrecer: más empleo privado, más inversión, obra pública, viviendas, infraestructura y una economía que viene mostrando resultados que colocan a Neuquén como la provincia de mejor desempeño del país. El futuro no es una consigna abstracta: tiene basamento en este presente de prosperidad y en decisiones que ya están produciendo resultados. Es por es que la respuesta que el diputado provincial de La Neuquidad, Francisco Lepore le dio a Lorena Parrilli resultó tan contundente.
En ese escenario, la diferencia entre la Neuquinidad y el parrillismo es más que nítida. De un lado, una provincia que busca llevar su gas al mundo, generar divisas y utilizar esa riqueza para construir nuevas capacidades productivas. Del otro, una mirada que parece seguir discutiendo desde las coordenadas de la vieja grieta. Neuquén tiene la oportunidad de mirar hacia adelante. Y el desafío político de los próximos años será, precisamente, no volver al pasado.




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